Cap 5: Vistiendo a un príncipe arrogante como un plebeyo odioso.
Sorpresivamente como intuyendo que estaban pensando en ella, Sofía le miró desde lejos un poco ruborizada, el Sol le insidia de lleno en la cara, así que sus ojos ambarinos se veían puros y cristalinos; el cabello revuelto por la fuerte brisa y la piel pálida brillante. Lillyl sintió que el corazón se le detuvo drásticamente al verla para luego acelerársele aun más rápido que antes.
-Demonios, creo que me he enamorado de la que pretendía que se enamorara de mi -frunció el ceño cuando ella dejó de mirarle -eso sería bueno en términos normales.
Cerró los ojos y respiró profundo para calmar sus impulsos.
-No quiero tener que forzarla en un sitio como este -pensó -mierda, parezco un puberto... sintiéndome excitado con solo verla de esa forma, en todo caso ella sería la que aun está en plena pubertad, ya yo pasé esa etapa hace tiempo.
Sintió la presencia de Sofía cercana a él y eso lo sobresaltó un poco, pero no tanto como para que ella se diera cuenta.
-¿Qué te sucede? -preguntó Sofía, ella se agachó para quedar de frente a él y le miró algo dudosa -¿no te sientes bien?, tal vez te ha dado insolación... estas todo colorado -le colocó la mano en la frente, él sentía el corazón acelerado nuevamente -no tienes fiebre ni nada... tal vez estas incómodo, perdona por no haberlo notado antes -le miró con tristeza.
Después de todo ella no es de las que apartan la mirada, ella siempre va directo al punto y no teme enfrentarse a nadie; eso era lo que más le gustaba de ella, esos ojos ambarinos y fieros.
-No estas haciendo que mi auto control sea muy efectivo -pensó tragando saliva -¡al diablo con el auto control!
Dejándose llevar por sus impulsos le haló la mano y ella cayó de bruces sobre su pecho e inmediatamente se coloró con un tomate.
-¿Tu... que te crees que estas haciendo estúpido idiota? -le reclamó ella.
Él sonrió y le besó bruscamente en la boca, ella sorprendida le empujó para separarse.
-Te dije que no hicieras nada estúpido o sino...
-En realidad me dijiste que no dijera nada raro... más no me dijiste que no podía hacer nada -contraatacó sonriente -ahora ven, sabes que te gustó.
Ella estaba tan perturbada que no sabía como reaccionar, así que cuando él se acercó de nuevo (pero esta vez con ternura) para besarle, no pudo ni decir, ni hacer nada para evitarlo; solo sintió como su corazón se aceleró de tal forma que temió que él pudiera escucharlo.
La mente de Sofía estaba en blanco y sentía que la cabeza le daba vueltas sin parar, se sintió de pronto... ¡caliente!... su pecho quemaba como el mismo Sol.
Lillyl le besaba tierna y apasionadamente, una mezcla entre amor y erotismo, dicen que esos dos van de la mano; sentía la respiración de Sofía en su boca y un dulce olor a flores en el aire, podía sentir como ella se agitaba en sus brazos por el contacto de sus labios y el roce de sus cuerpos; eso le excitaba aún más, la inocencia de ella... ya había lidiado con vírgenes antes pero de todas, Sofía era la predilecta, definitivamente.
Al separar sus labios sus alientos se mezclaban en el aire, ella jadeaba levemente y su rostro estaba todo sonrojado; él no pudo evitar sonreír satisfecho, por haberla provocado de esa manera.
-¿Quieres que vaya más allá? -preguntó con expresión serena para Sofía, pero por dentro se debatía entre la indecisión, deseo y nerviosismo.
-¿Co... como puedes preguntar tal cosa? -ella se alejó un poco, estaba muy apenada y al ver la expresión serena de Lillyl pudo sentir como se la inferioridad propia caiga como una roca sobre ella.
Por más adulta que quisiera aparentar, aún era una niña... apenas había cumplido la mayoría de edad y él era todo un hombre; esa diferencia de 6 años y su inexperiencia en el campo del amor era terrible para ella ya que no le gustaba sentirse intimidada por nadie.
Sin previo aviso Lillyl la besó nuevamente, pero con una beso ardiente y muy diferente a los otros dos, le la sentó en su regazo mientras que le acariciaba el cabello, el rostro y bajaba más y más su manos hasta llegar a su cintura; ella rodeó su cuello con sus brazos acercándolo más y más.
-Esto es malo, no puedo permitirme hace esto de esta manera -pensó Lillyl -seguro la haré sentir como a cualquiera con las que me acuesto.
Apartó bruscamente a Sofía que estaba como atontada, luego se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se levantó apenada, por primera vez Lillyl vio como Sofía apartaba la mirada para no verle, de verdad estaba muy avergonzada.
-Eres un maldito pervertido -dijo Sofía con voz temblorosa -debemos irnos ya es muy tarde.
Corrió hasta la orilla en donde se podía ver una gran distancia desde ese lugar y el suelo arenoso del desierto.
-Tenemos que bajar por este acantilado -dijo aun sin mirarle.
Lillyl comprendía que ella no lo quisiera ni ver, después de todo había abusado de su confianza, pero le molestaba no poder ver lo que estaba ella sintiendo.
-¿Cómo bajaremos por allí? -preguntó sereno.
-Espero que seas bueno en el descenso, no quiero quedar viuda antes de haberme casado -dijo y empezó a descender.
-Tch, ¿qué es esto? -se protestó en voz baja -diciéndome eso y ni siquiera me mira.
Él la siguió, ambos estuvieron por largo rato descendiendo hasta que por fin tocaron suelo sanos y salvos.
-Ahora vamos por aquí, esta cueva no llevará hasta una de las alcantarillas de la ciudad, no te preocupes no es una alcantarilla de desechos ni nada, solo corre agua por allí.
Sofía abrió una rendija que estaba cubierta por arena y bajó pisando el agua a sus pies. Lillyl la siguió algo incómodo, un príncipe como él nunca debería verse envuelto en una alcantarilla pero confiaba en Sofía y era la única forma de salir de allí.
Caminaron por aquel lugar plagado de insectos y bichos raros, el agua corría bajos sus pies y a pesar de que ella dijo que era solo una alcantarilla con agua, olía muy mal como si un animal hubiera muerto por allí.
-El olor es nauseabundo, ¿no me dijiste que no debería oler a caño?
-No te quejes tanto... no tengo la culpa, además ya casi llegamos
Caminaban en la obscuridad tanteando las paredes para no caerse, Lillyl estaba realmente incómodo, primero por haber molestando a Sofía de esa manera y segundo por tener que pasar por ese lugar tan estrecho y asqueroso.
-Cuidado que por allí va una rata.
El animal saltó sobre el agua salpicando a Lillyl y mojándole.
-Gracias por el aviso -bufó Lillyl mientras Sofía se carcajeaba.
-Digamos que te lo mereces -afirmó Sofía y siguió por el camino.
Después de caminar por un tiempo que parecía no acabar nunca, Sofía se detuvo bruscamente y palpó el techo, Lillyl la miraba sin decir nada, después de todo no había nada que refutar. Sofía empujó lo que parecía ser una rendija por donde pudieron salir; el Sol le segó los ojos por un instante, Sofía ya había subido y le tendió la mano desde arriba para ayudarlo; Lillyl miró que el Sol hacía relucir sus cabellos cobrizos, sus corazón se aceleró un poco al verla.
-De verdad... me he enamorado como un idiota -pensó Lillyl y se dejó ayudar por Sofía.
Al salir se dio cuenta de que estaban en un lugar de la ciudad que no conocía.
-¿Donde estamos? -preguntó mirando a Sofía, se dio cuenta de que estaba toda zarrapastrosa, así que rió un poco pero al verse él no le hizo gracia.
-Jajaja, parece que hubieras barrido toda la ciudad con tu cuerpo -rió Sofía.
-Pues tu no puedes decir nada de nada, pareces que no te hubieras bañado en semanas -acotó Lillyl de brazos cruzados.
-Es verdad -rió Sofía como una niña inocente, eso conmovió un poco a Lillyl que se rió entre dientes -vamos, que aun tenemos que caminar, nuestros caballos están al otro lado de la ciudad.
-¿QUÉ?
-Si bueno, estamos al lado norte de la ciudad, y nuestros caballos están al lado sur así que tenemos que caminar unos 20 kilómetros.
-Estas como loca mujer si piensas que yo voy a caminar tanto y con estas fachas.
-Bah, no seas ridículo ademas así no se van a dar cuenta que somos de la realeza... pero si no quieres te puedes quedar aquí y cuando llegue a palacio le digo a uno de los guardias que te pase buscando... y no te prometo que sea para hoy.
-Esta bien entiendo vamos antes de que se haga de noche.
Sofía sonrió y empezó a caminar, Lillyl se colocó a su lado... su altura era intimidante y a pesar de estar sucio y andrajoso, su presencia era imponente solo con mirarlo se podría saber que no es una persona normal; recordó repentinamente lo que sucedió hace un momento en el jardín, él la había apartado... él sabía su inexperiencia y... ¿quiso burlarse de ella por eso?, primero provocándola y luego dejándola como si nada.
Le miró nuevamente con la duda en sus ojos, ¿qué rayos pretendía aquel príncipe vanidoso?; al principio pensaba que quería enamorarla pero tal parece que solo quería burlarse de ella.
-Mierda -pensó con el ceño fruncido -no puedo dejar que me gane de esa manera; tengo que tratarlo con indiferencia para que crea que no me afecta su actitud.
Miró a Lillyl nuevamente y se consiguió sorpresivamente con que este le miraba también, eso la sobresaltó un poco.
-¿Qué? -preguntó ella un poco apenada.
-Nada -sonrió él confiado, eso la irritó un poco pero guardó la compostura.
-¿De verdad te molesta tanto estar así de sucio? -preguntó ella para romper la tensión que tenía con él.
-Si, la verdad no es de mi agrado.
-Si quieres podemos comprar algo de ropa, pero quizás las prendas Kasijistanas no sean tu estilo, sin mencionar que es ropa de ciudadanos normales.
-Nada puede ser peor que estar sucio así que la ropa de los campesinos no puede ser tan mala.
-¿Eres un idiota lo sabes? -frunció el ceño -debería haber una ley contra los tipos como tu.
-Si existiera una ley contra la gente guapa y con clase como yo, seguro sería el criminal más buscado del mundo -le sonrió y Sofía bufó frustrada.
-Vaya ego por las nubes tiene el tipito este -pensó.
Sofía resignada le guió por un bulevar en donde se encontraban varios comerciantes, ellos vendían prendas de muy buena calidad y a precios accesibles así que decidió que por allí comprarían las ropas.
-Aquí todo es de muy buena calidad -le dijo Sofía, pero Lillyl todavía estaba predispuesto.
Sofía se acercó a un vendedor que la conocía desde hace tiempo ya que era el cuñado de Anrid y un muy buen amigo de la infancia del mismo.
-Hola Martaz -saludó Sofía -vengo a comprar algunas ropas para mi y para él -señaló a Lillyl que se veía desconfiado.
-Hola Sifi -saludó el hombre sonriendo -¿necesitas ropas para tu nueva misión secreta o algo?
-No, no nada de eso es solo que tuvimos algunos inconvenientes y parecemos vagabundos.
-Si querida ya me percaté -rió el hombre -bueno ¿qué te apetece?, ¿algo tradicional o moderno?
-Este tipo es algo pretencioso así que voy a dejar que él elija -Sofía le miró y le señaló la ropa -tu elijes.
Lillyl la miró un poco irritado pero decidió que era mejor no discutir. Miró la ropa, definitivamente era ropa de campesinos, pero no dijo nada para no ofender al hombre que lucía agradable a pesar de haber llamado a Sofía con tanta confianza; ¿Sifi? ¿qué es eso? ¿quien era ese tipo?.
El hombre amablemente le enseñó algunas prendas, muchas eran algún tipo de túnica con capuchas para proteger las cabezas del ardiente Sol y los pantalones eran anchos y las camisas con varias telas para airear la piel; se parecían mucho a lo que usaban en Sannan pensó Lillyl, solo que allá como el clima era más fresco no utilizaban esas extrañas túnicas. Lillyl eligió lo que parecía ser lo suficiente decente para que lo luciera un príncipe de su calibre; Sofía por su parte eligió algo sencillo y común, que falta de estilo tiene pensó Lillyl.
-Gracias Martaz, ahora tengo un pequeño favor que pedirte, ¿me podrías prestar tu casa un momento para cambiarnos?
-Claro, todo lo que desee vuestra majestad se tiene que cumplir.
-No exageres tanto, no se tienen que cumplir todos mis caprichos, así que no me consientas tanto y cuando esté donde no me puedan complacer sepa manejar la moderación.
-Como digas pequeña Sifi -asintió el hombre sonriendo -ahora pase adelante.
Martaz abrió la puerta a sus espaladas, Sofía y Lillyl entraron en una pequeña habitación de techo bajo y paredes de piedra.
-Voy al baño a cambiarme, tu si quieres te puedes cambiar aquí o puedes esperar a que yo salga del baño.
-¿No puedo cambiarme contigo?
-Definitivamente no -Sofía le dejó y entró al baño.
Lillyl observó detenidamente la casa donde se encontraba, a pesar de ser pequeña era confortable, donde se encontraba era algo así como la sala de estar y además de la puerta de la entrada habían tres puertas más, una era el baño donde había entrado Sofía y las otras dos... bueno no sabía, le entró mucha curiosidad así que abrió una de las puertas; esta era un pasillo que al parecer conducía a otras habitaciones.
Lillyl caminó por el pasillo que estaba iluminado por una tenue luz, la primera habitación era una pequeña cocina con una mesa de madera y cuatro asientos; siguió caminando y encontró un dormitorio con varias camas o mejor dicho colchones cubiertas con fundas de delgada tela.
-¿Quien podría dormir en un espacio tan estrecho?, y al parecer varias personas duermen aquí -pensó en voz alta y siguió por el pasillo, al final de este había otro dormitorio un poco más amplio con una gran cama matrimonial pero la colcha estaba desgastada, al lado de la colcha había una mesita de madera tallada con un porta retrato encima, en él había una foto con mucha gente. El hombre que les vendió la ropa estaba en el centro y a su lado una mujer bonita, tal vez su esposa, ella llevaba un bebe en brazos y al lado de ellos dos niños de tal vez 4 o 5 años, al lado de estos estaban una pareja de ancianos y otra pareja mucho mas joven, el joven que estaba en la foto le parecía muy conocido.
-¿No te dije que esperaras allá? -Sofía le reclamó desde la puerta, Lillyl volteó con el porta retratos en mano y le sonrió -no conoces el dicho que dice, la curiosidad mato al gato.
-Que bueno que no soy un gato entonces -sonrió y Sofía frunció el ceño.
-Muy gracioso, idiota... -se acercó a él -Martaz es el cuñado y mejor amigo de Anrid, tal vez te acuerdes de él... es uno de mi soldados, quizás los conociste ayer en el bar.
-El que era más serio...
-Si, ese mismo... él es como el papá de nosotros -rió -siempre frena nuestros impulsos.
-Ayer no ayudó mucho cuando te volviste nada.
-Porque estoy segura de que se dio cuenta de que estabas allí, él se percata de los pequeños detalles a su al rededor... es un muy buen rastreador.
-¿Me dices que estaba esperando que yo hiciera algo para frenarte?
-No lo sé.
-Ahora que lo mencionas, creo que varias veces miró hacia donde estábamos Zahir y yo.
-¿Ves?... bueno los de las fotos son Martaz, su esposa y sus tres hijos; los papás de Martaz y la otra pareja son Anrid y su prometida Adel.
-Con qué se va a casar.
-Si -sonrió Sofía -él ama mucho a Adel, la verdad estoy un poco celosa de ella, es una mujer con suerte... Anrid es un gran tipo.
Lillyl la miró molesto, tendría que tener cuidado con ese tipo Anrid; al parecer Sofía le quería más de la cuenta.
-No me cae bien ese Anrid.
-Tu tampoco me caes bien y no te digo nada... así que callate y vamos... oh Dios ni siquiera te has puesto la ropa... apurate tenemos que llegar a palacio antes de mañana.
Lillyl se quitó la camisa dejando expuestos sus pectorales con músculos firmes y marcados, piel color chocolate.
-Pero ¿no te puedes esperar a que me salga? -Sofía se sonrojó y se dio la vuelta alarmada.
-¿Estas fascinada con mi cuerpo princesa? -preguntó con picardía, Sofía se sonrojó de tal forma que hasta sus orejas estaban rojas.
Lillyl al notarlo sonrió y le abrazó la espalda.
-¡¿Q... q... qué haces?! -preguntó Sofía alarmada y presa en los brazos de Lillyl.
-Solo te quiero abrazar ¿no puedo?
-Por supuesto que no idiota, ¡estas desnudo!
-Solo estoy sin mi camisa.
-No me interesa apartate -Sofía trató de forcejear pero Lillyl la agarraba con mucha fuerza -dejame idiota pervertido.
-¿O sino qué?
-O sino... o sino no respondo -bufó Sofía enojada -no quiero dejarte sin miembro así que será mejor que te apartes.
Lillyl rió entre dientes.
-Esta bien, esta bien... no tienes porque herir mi orgullo.
Sofía salió de la habitación y le esperó en la sala enfurruñada y de brazos cruzados esperando aquel idiota de su futuro marido, no podía creer que después de lo que sucedió en el jardín el muy idiota se le insinuase de esas manera... es que el tipo no tenía vergüenza ni nada que se le pareciera.
-Tengo la sensación de que ser esposa de este estúpido va a ser la misión más difícil que haya tenido nunca -murmuró, en ese momento como escuchando que el tema se trataba de él, Lillyl salió por la puerta que conducía al pasillo -ya era hora -se quejó Sofía -bueno ya vayámonos que en Palacio deben estar preocupados por nosotros.
-La culpa es tuya por haberme llevado a ese lugar de salida infernal.
-Tienes razón, no merecías que te llevase a mi lugar secreto... ni siquiera mis más cercanos amigos saben de él.
-Entonces soy un privilegiado.
-No es que seas un caso particular, es solo que tenía que ir a atender a mis flores y como tenía que cargar contigo te he llevado... no es que seas especial solo porque seas mi prometido -suspiró -a veces mis padres pueden resultar muy molestos, ellos saben que nunca me negarían a algún pedido que me hicieran.
Lillyl frunció el ceño, la chica estaba siendo bastante altanera tratando de hacerlo enfadar, lo estaba consiguiendo en parte... pero no podía dejarse llevar por ella, estaba seguro que tramaba algo para hacerle rebajarse a su nivel, no podía perder la compostura frente a ella o sino ella tomaría demasiada confianza y conocería sus puntos débiles.
-Demonios -pensó pero aun así le sonrió de forma burlona, pudo notar como ella se crispó como un gato molesto -eso es, cede ante mi querida -pensó riendo.
-¿Pero qué le pasa a este tipo? -pensó Sofía enojada, se le había crispado el vello por la molestia que le había ocasionado esa sonrisa despreocupada -¿es que acaso nunca va a sucumbir ante mis provocaciones?... maldito, no puedo ser yo la que siempre ceda.
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